
El documento se titulaba Orientaciones que fomentan el buen trato y la sana convivencia pastoral y, según explicaba Ezzati en la introducción, era un documento de trabajo preliminar que debía alcanzar una versión definitiva en abril de 2019. En el capítulo referido a las “muestras de afecto”, prohíbe a los sacerdotes “abrazar por detrás”, “luchar o realizar juegos que implican tocarse de manera inapropiada”, “cualquier expresión de afecto que el niño, niña, adolescente y personas vulnerables no aceptan y rechazan” y recomienda “utilizar el tacto solamente según lo apropiado o según lo permitido por la cultura local”. En otro de los apartados del manual se hace referencia a “las conductas que pueden ser malinterpretadas y que, por lo tanto, hay que evitar”. En esa línea, señala que los sacerdotes no deben “violar la privacidad, mirando o sacando fotos, mientras los niños, niñas, adolescentes o personas vulnerables estén desnudos, se visten o se duchan” o “usar lenguaje inapropiado y soez”. “Cualquier material sexualmente explícito o pornográfico es absolutamente inadmisible”, indica el documento.
Al retirarlo de circulación este fin de semana, el arzobispado indicó que se trataba de un instrumento de trabajo hecho de acuerdo con estándares internacionales y que “se corregirán ciertos contenidos que fueron traducidos de forma literal y que no son adecuados o que se prestan para interpretaciones incorrectas”. “Presentamos las disculpas del caso y publicaremos una nueva versión en el más breve plazo”, agregaba el comunicado. A las víctimas les parece “vergonzoso”. “Demuestra claramente que la Iglesia no entiende nada de esta tragedia. Es indignante”, señala Jaime Concha, médico chileno de 55 años, que entre los 10 y los 17 sufrió abusos de religiosos en su colegio de la congregación marista. “No son muestras de cariño, sino delitos contra niños, niñas y adolescentes. Es lo que nos hicieron a nosotros cuando nos atacaron sexualmente”.
La crisis de la Iglesia se destapó con la visita del papa a Chile en enero, donde puso en duda la veracidad de las acusaciones de las víctimas. Francisco, sin embargo, se dio cuenta de su error y encargó una investigación, considerada histórica. Invitó a algunos de los que sufrieron abusos a su residencia para escuchar sus testimonios y convocó a la Conferencia Episcopal chilena al Vaticano, donde los 34 obispos tuvieron que presentar su renuncia. Hasta ahora, el Papa ha cursado siete dimisiones y ha decidido personalmente expulsar del sacerdocio por delitos sexuales a dos reconocidos religiosos. El sacerdote Cristián Precht, un icono de la lucha contra la dictadura, y Fernando Karadima, símbolo del clasismo, del apego de una parte de la Iglesia al poder económico y social, de la derecha doctrinaria que defendió el régimen militar de Pinochet. La limpieza que está llevando adelante Francisco y la arremetida de la Fiscalía chilena han alcanzado a religiosos de distintas fracciones de la Iglesia chilena que, a diferencia de otros países, está fuertemente ligada al proceso político nacional de las últimas décadas. Fuente:elpais